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sábado, 5 de mayo de 2018

Serena

waw cuánto tiempo sin pasar por aquí...
Pero bueh,quitemos un poquito el polvo y lo que nos ocupa el día de hoy.
Hoy estoy triste,muy triste ...
y saben?
¨se vale¨estar triste y es hermoso estar triste cuando es por una hermosa causa :
Hoy partió una hermosa Perrita, de mi amiga Delfina...
Su nombre es "Serena""la conocimos" a través de su blog,desde hace ya varios años y así aprendí a quererla,viéndola en fotos,siempre que nos mostraba sus tejidos,salía serena...
Compañera de años,aventuras y vivencias... hoy le quiero llorar...y decirle que vuele libre,que se encuentre con Mi chiquita y con el Gatito de Carmen.. y con El Perrito de mi nena ...  y sigan felices,porque desde acá les seguimos AMANDO

jueves, 14 de enero de 2016

mucho


jueves, 19 de noviembre de 2015

Moris

Me encanta ponerles "nombres" cursis? raros? ñoños?  jajaja pues así
Éste le puse Moris...por lo Lila y pues morado y pues derivó en Moris;) LOL




martes, 17 de noviembre de 2015

Teotihuacán Zona Arqueológica

Lindo lunes,cansado,ya me despedí de las pirámides por si no vuelvo a ir;me costó trabajo subir y bajar.....LOL.....jajajajajajaja







Teotihuacán

Visita de fin de semana laaargo a Tehotiuacán
Todo bien,buen servicio,cena compartiendo extraordinariamente,disfrutando la risa de mi hija!!! y casi a punto de escuchar una confesión que yo adivino,pero mejor así "salvada por la campana" ;)
Dios PRESERVA en mi hija la alegría !

Cuna de Moisés

Flores

jueves, 12 de noviembre de 2015

y como para que mentir ??????????

Pocas,muy pocas,mínimas,infimas cosas oculto.
Me gusta ser clara,hablar con la verdad SIEMPRE,ésto a veces me ha traido malos resultados o dar mi confianza a personas que no lo merecen..pero no puedo,es más NO QUIERO cambiar...me gusta ser verdadera y transparente,como si viviera en una casa de cristal
Por ello no entiendo la mentira y nunca la aceptaré.Tarde o temprano la verdad sale a la luz.
Y ésto no tiene nada que ver con el cariño,respeto y amor...es solo que me entristece.
Triste :(  muy Triste



miércoles, 11 de noviembre de 2015

Movie

Intensamente



lunes, 9 de noviembre de 2015

Lindas Flores

otra vez?
Hasta cuando y hasta donde nos llevarás vida ?


cupcake

Seguimos en desorden

desorden

Sin un orden en especial...solo que conste ;)






jueves, 16 de abril de 2015

Simpleza !

No quiero llorar y estoy llorando...pero ésta vez de felicidad
Es INCREIBLE como puede caber UN MUNDO en cinco minutos
Gracias Vida !!!!!
Fuimos a la tienda solo los tres....
Y es una plenitud de bienestar,volvimos a ser solo los tres...solo los tres
como en esos benditos años anteriores...
cinco minutos,cinco..... pero NUESTROS !!!


domingo, 5 de abril de 2015

Te quiero "blogcito"

Cuanto tiempo sin pasar por aquí...
Recuerdos?.....Muuuuuchos !
Amistades...que perduran hasta hoy !



Este blog,mi Gran amigo,mi Confidente...
Mi aliado para salir de mis grandes duelos...


Quiero regresar <3 i="">

miércoles, 13 de marzo de 2013

Tejiendo para mí

Leed !
Deleitaros con letras maravillosas !!!
Ahora la comprendo. Recién ahora que vivo de recuerdos y no de proyectos. Jamás entendí a mi abuela, pero ahora que tengo casi su edad, comprendo todo perfectamente.
Siempre viene a mi memoria la imagen de mi abuela tejiendo. Tejía todo el día, sentada en su sillón maltrecho, pero preferido. Me llamaba la atención que tejía sin mirar, como de memoria, como si la vista no fuese un sentido necesario para realizar esa labor. Su mirada se perdía en horizontes, presumo, lejanos y ya inexistentes.
Tejía y tejía y yo me preguntaba para qué, pero sobre todo para quién. Nadie usaba sus bufandas, sacos y mañanitas, pero los ella seguía tejiendo. Lo más extraño es que tejía a sabiendas que esas prendas no tendrían uso alguno.
Era interesante observarla. El movimiento de sus manos, la cadencia de las agujas que suavemente subían, bajaban y se metían en de la trama de la prenda, como quien entra a un lugar que le es amigable, familiar.
El tejido de turno, reposaba siempre en su regazo, lánguido, adormilado. Ella no lo mirada, jamás controlaba si algún punto se había zafado o si se le había enredado el ovillo de lana.
Parecía que tejer la transportaba a otro mundo donde ni siquiera el propio tejido era parte. ¿Para qué y para quién tejía? Me cuestioné una y otra vez durante toda mi infancia y hasta que ella murió.
No es que no se lo haya preguntado, sino que jamás comprendí sus respuestas. Cada vez que se lo preguntaba, la respuesta era diferente al anterior.
– ¿Para qué tejes abuela?
– Por si refresca – Contestaba sin mirarme siquiera.
– ¡Pero, es verano abuela!
– Nunca se sabe hija, hay que estar preparada.
– ¿Para quién tejes abuela?
– Pregunté en cierta ocasión.
– María tendrá un bebé – Respondió distraída.
– María es apenas una niña, tiene tan sólo diez años
– Ya crecerá – Contestó muy segura.
– ¿A quién le tejes esa bufanda?
– Al tío Alfredo – Dijo sonriente
– Abuela, el tío Alfredo murió hace un año.

El tejido


El tejido. Liana Castello, escritora argentina. Cuento para padres.
El tejido

Ahora la comprendo. Recién ahora que vivo de recuerdos y no de proyectos. Jamás entendí a mi abuela, pero ahora que tengo casi su edad, comprendo todo perfectamente.
Siempre viene a mi memoria la imagen de mi abuela tejiendo. Tejía todo el día, sentada en su sillón maltrecho, pero preferido. Me llamaba la atención que tejía sin mirar, como de memoria, como si la vista no fuese un sentido necesario para realizar esa labor. Su mirada se perdía en horizontes, presumo, lejanos y ya inexistentes.
Tejía y tejía y yo me preguntaba para qué, pero sobre todo para quién. Nadie usaba sus bufandas, sacos y mañanitas, pero los ella seguía tejiendo. Lo más extraño es que tejía a sabiendas que esas prendas no tendrían uso alguno.
Era interesante observarla. El movimiento de sus manos, la cadencia de las agujas que suavemente subían, bajaban y se metían en de la trama de la prenda, como quien entra a un lugar que le es amigable, familiar.
El tejido de turno, reposaba siempre en su regazo, lánguido, adormilado. Ella no lo mirada, jamás controlaba si algún punto se había zafado o si se le había enredado el ovillo de lana.
Parecía que tejer la transportaba a otro mundo donde ni siquiera el propio tejido era parte. ¿Para qué y para quién tejía? Me cuestioné una y otra vez durante toda mi infancia y hasta que ella murió.
No es que no se lo haya preguntado, sino que jamás comprendí sus respuestas. Cada vez que se lo preguntaba, la respuesta era diferente al anterior.
– ¿Para qué tejes abuela?
– Por si refresca – Contestaba sin mirarme siquiera.
– ¡Pero, es verano abuela!
– Nunca se sabe hija, hay que estar preparada.
– ¿Para quién tejes abuela?
– Pregunté en cierta ocasión.
– María tendrá un bebé – Respondió distraída.
– María es apenas una niña, tiene tan sólo diez años
– Ya crecerá – Contestó muy segura.
– ¿A quién le tejes esa bufanda?
– Al tío Alfredo – Dijo sonriente
– Abuela, el tío Alfredo murió hace un año.
– Me la pidió antes de morir.
Todas sus respuestas eran confusas y atemporales. Un día, decidí no preguntar más. Me desconcertaba ese tejido eterno de sus días y alguna que otra noche.
Las agujas parecían una extensión de sus manos y el tejido, otra parte de su cuerpo. Le dolían las manos, se le notaba en el rostro. A veces dejaba de tejer tan sólo un momento, las acariciaba y como presa de un mandato interno volvía a tejer enseguida, como si algo la obligase a estar permanentemente tejiendo.
¿Por qué tejes abuela si te duelen las manos? – Le pregunté más de una vez.
La respuesta era siempre la misma.
– Si no tejo, me dolerá el corazón. Tampoco entendí esa respuesta ¿Qué tenía que ver el corazón con el tejido? Sin dudas, mi abuela era un ser inabarcable para mi.
Cuando se es un niño o un joven, las personas tendemos a ser presumidamente seguros, estúpidamente petulantes. Creemos que la niñez o juventud es una especie de documento habilitante para emitir opiniones, afirmar sin saber, sentenciar sin haber analizado.
Ahora me doy cuenta que eso fue lo que hice con mi abuela. Crecí con la imagen de esa mujer tejiendo “en vano”. La despedí con la tristeza de sentir que ella había perdido su tiempo. Recuerdo que una vez le pregunté a mi madre si la abuela había tenido siempre la costumbre de tejer.
– No pobre, jamás pudo – Dijo mi madre un poco triste y continuó.

– Siempre estuvo muy ocupada criando a sus hijos, ocupándose de la casa, cocinando, ayudándonos con la tarea. Vivió para los demás realmente. Desconcertada le dije:

– Entonces ¿Por qué no descansa ahora que ya no debe ocuparse de nadie? ¿Por qué se empecina en estar ocupada todo el tiempo tejiendo para nadie, en vez de aprovechar su tiempo libre y descansar?

Mi madre no me contestó.

El tiempo pasó para mi abuela, para mi madre y está por pasar para mi también. Recién ahora que estoy tan cerca de ser un recuerdo, comprendo perfectamente para qué y para quién tejía mi abuela. Lamento no haberlo hecho antes.

Tejía para sí, no para otros. Las bufandas, gorros y guantes eran una excusa para no sentirse vacía, inútil. Ahora entiendo ese mandato interior, yo lo escucho también.

Es muy difícil para alguien que vivió cuidando de otros, sentir que no se es necesaria. Cuando los años pasan y se acaban las tareas, las esperas, los cuidados, algo de nosotras se esfuma con el calendario. Cuando los hijos crecen y parten, se llevan mucho –demasiado- de nosotras.

Dicen que así es la vida, y así ha de ser, pero es difícil -no de entender- sino de transitar. Siento pena por mi abuela, siento tristeza por no haberla comprendido, pero claro, no era mi tiempo de entender ciertas cosas.

Ahora la recuerdo de otra manera, la comprendo desde lo más profundo de mi ser. Levanto la mirada como para verla en algún lugar y luego la bajo y se pierde en el tejido que reposa en mi regazo.

Fin
Liana Castello   escritora Argentina